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Miércoles 23 de Enero de 2019 21:36
 
 
 
 
El mejor consejo
 

¡Que nadie se atreva a tocar al Chinchulino!

 
2014 - dic - 06
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Y Fui Madre Nomás
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A pocos días después del nacimiento el puerperio se apoderó de mí ser ¡Como loca!

 
 
 
 

¡Como loca! Es la mejor descripción del sentimiento que tenía durante el puerperio, las seis semanas siguientes del nacimiento del Chinchulino.

Pero…¡Loca, loca! ¿Viste que las perras después de parir te muerden o te gruñen si te acercas a sus cachorros? Bueno, así.

Odiaba con todo mi ser cuando agarraban al bebé, los miraba feo, e incluso a Papá Marcelo. “Andresito es mío, mío y tiene que tomar la teta. Todo el día tiene que estar con su mamucha.”, me repetía en mi conciencia.

Quien deseaba alzar al bebote, primero debía pasar la prueba del scanner maternal. Veía venir a la persona y la chequeaba de arriba a abajo. Ponía atención a sus intensiones, primeras palabras y expresiones, la ropa, los zapatos, su aliento, su voz… ¡Todo!

Exigía que se pongan alcohol en gel en las manos; que nos estornudasen ni respiren cerca de él...mejor si no respiraban. Que ni se les ocurra fumar antes de tocarle un pelo; que se bañen, que no lo “ojeen” (pavadas de vieja pero en ese momento las creía). En fin, mejor si no me visitaban.

Y de pronto, aparecieron las lágrimas. Lloraba de alegría y felicidad; de celos al baby (por lo relatado anteriormente); porque no sabía si estaba haciendo bien las cosas; porque me preguntaba a cada rato si era buena madre; porque no dormía ni un sorongo; porque se me caía el pelo; porque me dolía el cuerpo...Por cualquier cosa.

Entonces me tranquilicé. Recordé el mejor consejo que me dieron de embarazada y lo sigo al pie de la letra hasta ahora: “Seguí siempre tu instinto de madre”. Me lo dijo una sobrina de mi marido, Patricia.

Aprendí así a escuchar mi interior de mujer, mi “corazonada”, que me decía “si tocás mucho al Chinchulino te ensarto uno nomás”. Un postparto de guerra.