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Miércoles 24 de Julio de 2019 01:53
 
 
 
 
 

Viajo, luego existo

 
2014 - sep - 20
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Diarios de viajero
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¿Qué pensamos cuando no tenemos qué pensar? Primera parte del diario de viaje de una lalalera en Bolivia

 
 
 
 

Abro los ojos y de repente MIEDO. Una nena al lado mio, rubia como un fantasma, mira fijo al horizonte. La miro mejor, trenzas rubias, muy rubias, contenidas por una red, un vestido azul escocés muy largo, medias can-can y zapatos atados al costado. Hace calor. “¿Cuánto tiempo dormí?”, pensé, retrocedí 100 años. “¡INVENTÉ LA MÁQUINA DEL TIEMPO!” flasheé con emoción. Por suerte un paraguayo local me convida un tere de agua, a mi amiga le pica un mosquito elefante, y alguien grita “¡sale el colectivo!”. Subo y acomodo TODAS mis cosas, “el colectivo da más miedo que la nena de recién” le digo a Maca. Cuando entra el chofer, me dice que no es mi asiento, ni mi colectivo. Bajo todas mis cosas y me pongo contenta al ver en la ventana del otro colectivo a un rubio con pinta de alemán que no se baña hace siglos. Dudo sobre mi noviazgo, y me acuerdo que en realidad, no tengo novio. Doble alegría para Yumi.

Subimos al colectivo, nos instalamos, una chola me choca con las extensiones trenzas de su pelo, y sube el chofer: “este sí es tu cole, pero no funciona” nos dice. Me compro una birra. Maca ya estaba hablando con el rubio que sí, era alemán, y no, hace mucho no se bañaba.

Abro los ojos de nuevo, la nena rubia fantasmal y su mamá me miraban fijo. “Estoy en la película de Los otros” pensé. Miro para atrás, no veo a Nicole Kidman pero sí a los paraguayos locales con termos de tereré de agua. Me escapo y me hago amiga. Hora de bajar, salida de Paraguay, “la entrada te sellan allá nomás” me dice una señora. "¿Allá donde, si hay todo pasto?" Pregunto yo. Hacemos fila en una estación que parecía el Medio Oriente después de Bush. Un milico boliviano me dice que nos van a revisar los bolsos y yo en chiste medio nerviosa le contesto: “menos mal que no traje drogas”. El tipo no se ríe y me abre el bolso. De repente respiración en mis piernas y lenguetazo, ¿un duende o el chabón se copó? No, un perro en una jaula debajo de mi bolso. “¡Ah, lindo!” pensé yo con mucho miedo de morir, pero me salva el tipo que me revisa el bolso. Se hace el lindo y me pregunta si soy fotógrafa. Claramente me hice amiga y le saqué una foto. “A la vuelta te la paso”, le dije muy canchera.

La idea del viaje es hacer amigos, ¿no?