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Jueves 20 de Septiembre de 2018 05:21
 
 
 
 
 

Marrakech: caos que enamora

 
2014 - sep - 06
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Diarios de viajero
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¿Hace cuánto no te enamoras de una ciudad nueva? ¡Un alerta a los sentidos de esta viajera amiga!

 
 
 
 

Vuelo 1001, Roma Ciampino- Marrakech Menara. Avión de los low-cost viejito. Asientos separados con mi compañero de rutas, entrás al avión y ves cantidad de mujeres con velo cubriéndose, al estilo películas hollywoodense, y una mezcla de aromas que invaden la nariz.

Los paisajes van cambiando, de las majestuosidades romanas, el azul transparente del Mediterráneo y la comida fresca  a lo desértico, árido, seco.

Es cuando empezás a preguntarte por qué pagaste por un viaje así. Llegás a Marrakech, y encontrás extensas filas para entrar al país, donde dentro de tu egoísta e impaciente forma de ser te das cuenta que tipean nombre, fecha y dato por dato frente a computadoras con Windows 93. Pensás nuevamente qué estás haciendo acá.

Error señores, no se dejen  llevar nunca por una primera impresión. Quien haya inventado eso, lamento decirles que en este caso se perderían una de las mejores experiencias de sus vidas.

Con sello de Morocco en pasaporte y con unos kilómetros arriba, entramos a la gran MEDINA o en términos criollos  el centro  antiguo con grandes (grandes y espectaculares) paredones de tierra roja que lo encierran y  una cantidad de portones enormes, pintados delicadamente con cientos de miles de mosaicos en sus figuras.

Imagínense un laberinto. Así son las callejuelas con paredes desnudas de ladrillos y otras de  arcilla roja; a este  laberinto súmenle que hay un barrio  llamado Los Suks o zocos que envuelve a una tal plaza (voy a tomarme mi tiempo con ella). Cada espacio de los zocos lleva el nombre según la mercancía que ofrece (especias, pieles, alfombras, vestidos, vajilla, entre unas cuantas cosas más).  Uno va caminando, observando con precaución, porque si te detenés dos segundos entrás a un delicado y experimentado espacio de ellos que es el arte de regatear.

Este laberinto, impregnado de olores, colores, artesanos perdidos entre mosaicos, vidrios y detalles de sus increíbles lámparas, filmaciones de películas con sus actores rodeados de extras que simplemente pasan corriendo para llegar a buscar en un mercado amigo algún que otro producto que ofrecer y lograr vender; gatos por todos lados, ancianos jugando con tapitas a las damas, señoras lavando en el piso sus verduras para la sopa de la noche, niños en bicis antiguas, ruido, barullo, cantos cada vez más altos llegando a la plaza central… y acá me detengo.

La plaza Jamma El Fna es el corazón de Marrakech, llegando la noche se vuelve un caos. Entre más vendedores ambulantes, serpientes bailando al ritmo de flautas tocadas por señores de 150 años, mujeres tapadas solo dejándose ver la intensidad de sus miradas haciendo arte en los brazos de turistas con henna. Monos saltando, burros acarreando mercancías, caballos dando paseos a personas ostentosas, autos de lujos atravesando la plaza, cantos, bailes de odaliscas. Carritos con todo tipo de dulces tradicionales y platos marroquíes extraordinarios  a muy buen precio. Y todo este escenario, indescriptible con palabras, se calla con un brutal silencio cuando el Adhan empieza a llamar a los fieles que se acerquen a rezar, y de repente vez cientos de pares de zapatos y babuchas afuera de las diferentes mezquitas de la Medina. Y todo lo que era un caos, se transforma en un paraíso en segundos.

La ruta es simple, sentarse en mesas comunitarias y probar sopas muy espesas por 3 Dirhams, el famoso y encantador Tajine de cordero, cerebros de cabras con curry, caracoles salteados, su exquisito pan, dulces, pinchos, pescados fritos, jugos super naturales y concentrados. Cerrás la noche tomando un Té de menta, que es su bebida por excelencia, le das la mano a tu compañero y te vas a dormir  en paz al Riad.

No quedan dudas que  la plaza Jamma El Fna es un verdadero caos, un desorden ordenado que te inunda de emociones, te sensibiliza, supera a algunos y a otros nos enamora, pero que sin duda deleita a todos con sus sabores y su encantadora simpleza.