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Domingo 23 de Febrero de 2020 23:18
 
 
 
 
Resaca Política
 

TARJETA ALIMENTAR, OTRO DOLOR ARGENTINO.

 
2020 - ene - 27
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Noticias
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La Tarjeta AlimentAR es una de las tendencias políticas que mayor impulso está tomando en el inicio del gobierno de Alberto Fernández. Fomentada por el Ministerio de Desarrollo Social, uno de los más relevantes, se enfoca en las dolorosas consecuencias arrastradas los últimos tiempos para comenzar a imponer la impronta peronista que busca solventar el mal momento.

Casi como un parche a una pelota pinchada, la tarjeta del momento busca llegar a un grupo social vulnerable, dolido por los incrementos de precios por inflación y flagelado por los desmanejos de la insensibilidad social de la derecha en los 4 años precedentes. Sin embargo, no es más que eso, un parche, una solución superficial qué, si bien es difícil no adherir, no consigue las soluciones óptimas para el problema base.

En una de las tantas compras en un comercio barrial, cuando la tarjeta aún ni llegaba a la ciudad de Resistencia, me topé de lleno con la realidad que nos azota. Fue un gran impacto de nuestras carencias sociales y educativas, lo que hundió mis esperanzas en este Programa y, un poco más, en las expectativas sobre los demás.

En ese primer día de activación de compra con el difundido plástico, una pareja joven, hija en brazos, comprando leche y algunos pocos alimentos, propinaron una consulta que se mostraba imperiosa según la tensión de ambos: “¿Se puede comprar alcohol?” dijo él, y recibió un “NO” rotundo desde el fondo, mientras la dueña se asomaba con paso duro y firme, casi para aplicarle un correctivo que se fue transformando en una charla reparadora y reflexiva, invitando a que sí algún comercio se lo permitía, denunciasen, con la inocencia de una persona que busca el desarrollo normativo del acuerdo.

Al otro día, una noticia nacional refuerza mi desazón. Suspendieron un comercio en la localidad de Ministro Rivadavia, partido de Almirante Brown, Buenos Aires, donde cobraban recargo por la compra con la Tarjeta Alimentaria, además de exigir que se ejecute la adquisición de alimentos por el total del saldo, cuando eso está a criterio de las necesidades familiares en el momento, no por una imposición egoísta de aquellos que en micro niveles de economía imitan la deshonestidad que muchas veces reclaman.

Podrían ser dos campanas de una misma situación. Por un lado la gente, los beneficiarios que desvían sus prioridades de compra y que terminan obstaculizando la implantación de beneficios que buscan el bienestar sobre quienes les cuesta un poco más. En otra parte, los abusivos, aquellos que ante el contexto de crisis evitan la empatía, acudiendo a cada hora para atacar los márgenes grises y capitalizar sus beneficios a costas de cualquiera, pero si es del Estado y sectores vulnerables lo hacen con más facilidad por haber necesidad de por medio.

No obstante, no son situaciones paralelas. Ambos escenarios pertenecen a lo cotidiano de nuestra sociedad, reflejando las carencias más comunes, las que merecen una reparadora atención para establecer un compromiso por el bien común, con la conciencia suficiente de que no estamos sometidos a un régimen autoritario, sino una democracia con la cual debemos colaborar todos si realmente queremos progresar.

Está claro que esta medida nacional es una urgencia, que no va a provocar los cambios suficientes con la prospectiva necesaria para un camino llano y de buenos resultados en largo plazo, sin embargo, hoy es de importancia, siempre y cuando se lleve adelante su buen uso.

Apuntalar la educación, intentar romper con esa cultura Argentina que nos hunde será seguramente el trampolín para comenzar a ver avances y buenos resultados de las políticas actuales y futuras. Con una sociedad replanteándose la normalidad, con conciencia y reflexión crítica será, probablemente, un paso hacia los cambios verdaderos, donde las decisiones asistencialistas no sean una posibilidad de abuso y las calles dejen de llorar la miseria causada por todos.

 

Javier Frangioli | @JaviFrangioli - Periodista.