Logo Lalala News
 
Domingo 21 de Abril de 2019 13:30
 
 
 
 
Psicología
 

La importancia del juego en la clínica con niños

 
2019 - mar - 19
|
Noticias
|
 
 
 
 
 
 

Para Maria Traversi,

por interesarte en pensar a los más pequeños

 no solo desde un punto de vista médico.

 

El método actual del psicoanálisis es el de la asociación libre, el cual consiste en que el paciente pueda comunicar al analista todos aquellos pensamientos, ocurrencias, ideas o imágenes que pasen por su cabeza. Se pretende que el paciente  no realice ningún tipo de selección entre lo que está pensando y lo que le comunica, por más de que lo considere como algo absurdo o trivial.

Es importante remarcar que éste dispositivo se construyó en función del trabajo con los adultos, es decir, a partir de su palabra, de su discurso y de las diferentes asociaciones que éste podía producir.

Pero en lo que respecta al trabajo con los niños, este método resulta insuficiente. Los más pequeños no poseen los mismos modos de expresión -ni lingüísticas ni sintomáticas- que los adultos, ya que durante este periodo no hay nada definido, sino que al contrario, está caracterizado por la construcción constante y permanente tanto de la subjetividad como la de su psiquismo.

Así que entonces, ¿Cómo pensar a la “asociación libre” para el trabajo con los niños?

Respondo: a través del juego y del dibujo.

Los juegos que los niños realizan, no son una casualidad. En ellos se ponen a jugar –literalmente- diferentes conflictos que éstos se encuentran atravesando en ese momento.

En estos montajes prima el mecanismo de la identificación, ya que los niños se hacen representar por algún personaje a partir de hacerlo hablar en una la escena lúdica.

Por ejemplo: una niña que se encuentra siempre presente en las discusiones que sus padres tienen, juega a que ella es una muñeca Barbie que reta a sus dos mascotas, exigiéndoles que por favor dejen de pelear, porque cuando ´ladran’ la aturden y eso a ella no le gusta.

Suele decirse que los niños repiten en el juego todo aquello que vive en sus hogares. Si bien este enunciado porta cierta verdad, agrego que los niños repiten todo aquello en cuanto les haya resultado displacentero y traumático.

Por ejemplo: un niño, al que llamaremos Bautista, le tiene mucho miedo al dentista por los ruidos que hacen instrumentos odontológicos, pero a pesar del llanto y los reproches, Bautista es llevado a que se le limpien sus caries.

En el consultorio, el odontólogo se encuentra ubicado en una posición activa, en tanto que maneja esos instrumentos terroríficos que rozan los dientes de Bautista, quien está ubicado en posición pasiva recostado sobre el sillón recibiéndolas.

Bautista, al volver a su hogar, luego de haber atravesado lo traumático de esa situación, llama a su hermano menor para jugar. ¿Y a que juegan? Al dentista, en donde la turbina del dentista es la pierna de un Max-Steel y el sillón odontológico es la tabla de planchar.

Pero ahora, en esta escena, Bautista ya no es paciente, sino que es odontólogo, y su pobre hermano, el paciente.

En este caso se puede observar de forma clara como los niños al jugar repiten ciertos acontecimientos displacenteros anteriormente vivenciados de forma pasiva, pero ésta vez de forma activa, y principalmente, sin ningún tipo de riesgo, porque el jugar le permite la construcción de una ficción y de un escenario en donde las cosas puedan volver a suceder sin efectos traumáticos.

 El rol del psicoanalista durante el juego del niño

 El analista en ésta clínica no manejará el juego del niño ni tampoco lo producirá, sino que ayudará en el montaje de la escena lúdica para guiarlo por sendas que permitan su desenvolvimiento, y principalmente, para intervenir sobre aquello que se despliega.

¿Qué quiere decir esto último? Que así como el analista interviene en la clínica de adultos puntuando el discurso de éste, en la clínica con niños el analista interviene directamente sobre el juego: hace hablar a ciertos muñecos, comienza a agregar a nuevos personajes, intenta introducir nuevos elementos a la escena, etc. 

Aquí el analista está lejos está de ser un mero espectador, un personaje fuera de la escena o alguien extimo a ésta actividad, al contrario, ocupa un lugar en el cual se encuentra totalmente inmerso, incluido dentro de ese “jugando” en el cual se presta para ofertar y poner el cuerpo allí donde se lo necesita.

 Pero, en éste punto es necesario aclarar que el jugar no se agota únicamente en el armado de escenas lúdicas y en la construcción de representaciones simbólicas, sino que también se debe necesariamente tener en cuenta un elemento clave y fundamental que en el aparece: la palabra del niño. Dichas palabras no pueden ser dejadas de lado ni mucho menos desestimarlas, ya que es gracias a su expresión durante el juego lo que permite complementar ese decir distinto que tienen los niños. 

Si bien en los casos anteriormente mencionados se deja entrever la posibilidad que tienen algunos niños –en el mejor de los casos- de simbolizar, en donde la pierna de un Max-Steel no es solo la pierna de un Max-Teel, sino que también puede ser una turbina, y dos perros pueden representar a una madre y a un padre peleando ¿Qué sucede con aquellos niños que los objetos representan simplemente lo que son y nada más?

¿Qué pasa con aquellos niños que no juegan? ¿Cómo pensar a los juegos en la actualidad si los padres en vez de jugar con los niños, simplemente le dan una computadora o un teléfono para que vean videos de internet? ¿Qué consecuencias tiene en los niños que hoy en día los juegos sean virtuales?

 

Son interrogantes que serán abordados en la semana próxima.

 

Lic en Psicología Rodrigo Villalba