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Miércoles 03 de Junio de 2020 10:13
 
 
 
 
Resaca Política
 

EL MIEDO A LA CARICIA

 
2020 - mar - 02
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Noticias
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Una serie de situaciones suelen ser escenarios primordiales para empezar a construir las gestiones presidenciales. El inicio de las sesiones legislativas de todos los años es uno de esos pocos momentos donde se concentra la atención generalizada de nuestra Argentina, por lo tanto se convierte en una de esos días que la política busca capitalizar el fervor popular para generar una imagen orientada de lo que se buscará.

El presidente Alberto Fernández, desde sus inicios de campaña, viene construyendo una imagen personalizada de mesura, tranquilidad, con tonos de voz caracterizados por ser bajos y suaves en su mayoría, priorizando ideas de unidad y trabajo en equipo, algo que el expresidente Mauricio Macri había inaugurado como las nuevas formas de comunicar en la política.

Sin embargo, el despegue entre uno y otro personaje es abismal, sobre todo analizando al ex presidente con una gestión ya consumada, que nos hacen ineludible la conclusión de que todo aquello pronunciado no era más que una pantalla demagógica construida desde el laboratorio para amortiguar el impacto de las políticas reales.

Este contraste genera en Fernádez un resultado positivo a priori, quién si bien apela al trabajo conjunto para sobrellevar las responsabilidades actuales, no esquiva la "grieta". En su discurso la entrada a los temas fue el devenir catastrófico de la gestión anterior, manteniendo la línea de pensar de una Argentina en reconstrucción qué, más allá de ser una posible realidad, le garantizan cierta paciencia social en la toma de decisiones trascendentales con el correr del tiempo.

El carácter de mesura revela en el presidente una invocación a la sensibilidad, proponiendo temas como el aborto, el hambre, las asignaciones universales y un sin fin de cuestiones que fueron olvidadas durante los últimos cuatro años para llenar los bolsillos del algunos CEOs y amigos de buen peinado.

Hay un márgen amplio de actuación, sin embargo los errores serán doblemente duros si se los subestima, teniendo en cuenta que una herida no sana sólo con buenas intenciones, las malas maniobras pueden generar la profundización de la fosa en la que están varios aspectos de la administración de nuestro país.

Es propicio indicar el optimismo generalizado desde el discurso del presidente, algo que se podía presumir con anticipación si se revisaba los anteriores, además de qué suele ser un objetivo preciso en los marcos políticos para salvaguardar las calles. Esperemos que las palabras otra vez no se las lleve el viento, porque si bien la esperanza es algo que suele bancarse incontables palizas nunca se rompe.

El placer de los argentinos no son sólo buenas caricias desde lo discursivo, sino grandes acciones desde lo político, y eso es lo que esperamos todos. Que esta vez no nos fallen.

 

Javier Frangioli - @Javifrangioli | PERIODISTA