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Domingo 15 de Diciembre de 2019 15:01
 
 
 
 
Resaca Política
 

ANÁLISIS DESTEÑIDO

 
2019 - nov - 25
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Noticias
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Hoy somos actores contemporáneos de una de las crisis políticas latinoamericanas que va de lleno al anecdotario histórico. Estamos atravesando un momento marcado por la gran escalada de violencia concatenada en diferentes paises desgastados por la política, por los políticos, por la mentira inservible del dogmatismo partidario y su falta de sensibilidad.

No podemos eludir esta situación. Los golpes nos afectan y nos aterran porque sabemos las posibilidades de su llegada cerca nuestro. Sin embargo estamos perdiendo el tiempo en un debate ideológico, posicionado en dos bandos extremos de una gran división socialmente establecida, sesgando las interpretaciones de las cosas según el bagaje que nos instala esa ideología que no queremos corromper por valores de lealtad absurda.

El escenario es preciso, la violencia domina las calles en los paises implosionados, representándose con la fidelidad histórica de las botas y la ropa camuflada que parece imponerse como nueva moda. Hoy las Fuerzas Armadas vuelven a acatar ordenes y ejecutar sin motivos convincentes. Actúan por ideología, por seducción "profesional" y por la imposición de un régimen autoestablecido como el mejor que se respalda en la paradójica búsqueda de la pacificación por las armas.

Con las últimas situaciones de colpaso interno sucedidos en Chile y Bolivia llegamos a la conclusión que no existen partidos políticos mágicos. Ni la "izquierda" ni la "derecha" están excentos a la malicia de sus conductores y son capaces de corromper con distinta intensidad los valores de la democracia popular, lo cual, sin sintonía hacia alguna ideología, no es más que la representación de las necesidades mayoritarias

Los contextos son distintos, pero podemos consensuar un eje común, porque tanto Chile como Bolivia son dos casos de crisis devenidas por las políticas de sus dirigentes principales, aunque completamente matizadas en su desarrollo.

La Derecha chilena no es condescendiente con el reclamo popular, aún cuando se tomen una cierta cantidad de medidas demagógicas las cosas buscan una transformación en las bases que no llegan. Las desigualdades como estandarte principal enarbolan los reclamos y son el principal motivante a combatir, tanto para manifestantes como para los carabineros que ven en éstos civiles el blanco perfecto para eliminar el pensamiento diferente.

Por su parte, la Bolivia encabezada por Evo Morales, quizá un referente de los sectores populares en sus inicios, fue consecuente con la "sugerencia" de las Fuerzas Armadas locales para su abandono del poder, migrando hacia México en busca de asilo y evitando una masacre interna qué, en retazos, está sucediendo. Su huída, además de prevenir un intento de guerra civil entre defensores y las Fuerzas, también previno una contexto de perpetuación en el poder político de su parte, algo que se olía con fuerza y comenzaba a ser rechazado en amplios sectores que alguna vez lo apoyaron.

El paralelo de las situaciones muestra sólo una degradación de las instuciones y la democracia en sí misma, donde se desoyen los intereses de la gente y sólo se hacen eco de las decisiones internas, determinadas en una mesa chica que impactan en toda la sociedad, pero que siempre privilegia algunos y otros no, instalando extremos cómo "oficialistas" y "opositores", o "buenos"  "malos", haciéndoles creer que buscan intereses extraordinariamente diferentes, cuando en realidad lo que probablemente los separe sea el camino, no el objetivo.

Las prioridades personales suelen ser el reflejo de lo que convenimos mejor, sin embargo automáticamente somos catalogados dentro de ciertas ideologías políticas que nos encasillan y nos comprometen a una congruencia con ellas en el pensamiento y las acciones, buscando la inflexibilidad de ver más allá de lo que nos plantea la doctrina superior, imposibilitándonos con un compromiso implícito de reconocer las virtudes de potenciales rivales o cuestionar errores propios.

En base a ello se conforman hoy las conjeturas de estas dos situaciones tan dolorosas que nos representan a los países de América. Se vuelve completamente predecible el discurso de aquellos emocionales que llevan una representación partidaria, como si fuera que no existen casos para repudiar en los dos escenarios y que la vara siempre se mide de acuerdo con cierta apología de los partidos que más apoyamos.

Sería propicio comenzar a establecer una mirada homogénea y sensata, desvinculada de las pasiones por los referentes políticos históricos y los partidos que emocionalmente nos seducen para cegarnos hasta actuar sin uso de razón.

Las dos campanas siempre argumentan para convencer, pero es preferible tomar el material para analizarlo de forma desteñida, sin esos prejuicios y valoraciones que cargamos, haciendo uso del clásico extrañamiento de nuestras simpatías partidarias para tomar un poco de consciencia que los actores en cuestión son vidas humanas luchando contra la falta de transparencia de grandes líderes políticos multipartidarios que se encargaron de pisotear y boicotear el tesoro que todavía nos llena de esperanzas para encaminarnos hacia un bien común, la democracia.

Javier Frangioli | @Javifrangioli