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Jueves 27 de Julio de 2017 19:47
 
 
 
 
 

Los bomberos, de Mario Benedetti

 
2017 - mayo - 18
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Los cuentos que me gustan
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Fragmento de "Explosion" de George Grosz (1917)
 

Esta semana compartimos un cuento del escritor, dramaturgo y crítico uruguayo Mario Benedetti (1920-2009). Luego de sus recordadas novelas “La tregua ”(1960), “Gracias por el fuego”(1965) Mario Benedetti debió radicarse en Cuba, Perú y España, como consecuencia de la represión desatada en su país. Estas circunstancias se vieron reflejadas en la producción de: “La casa y el ladrillo” (1977), “Vientos del exilio” (1982), “Geografías” (1984) y ”Las soledades de Babel” (1991). En 1986 publicó: “Cuentos completos”. Te invitamos a disfrutar uno de sus cuentos breves.   (*)

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Los bomberos

Olegario no sólo fue un as del presentimiento, sino que además siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego decía: “Mañana va a llover”. Y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y anunciaba: “El martes saldrá el 57 a la cabeza”. Y el martes salía el 57 a la cabeza. Entre sus amigos gozaba de una admiración sin límites.

Algunos de ellos recuerdan el más famoso de sus aciertos. Caminaban con él frente a la Universidad, cuando de pronto el aire matutino fue atravesado por el sonido y la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: “Es posible que mi casa se esté quemando”.

Llamaron un taxi y encargaron al chofer que siguiera de cerca a los bomberos. Éstos tomaron por Rivera, y Olegario dijo: “Es casi seguro que mi casa se esté quemando”. Los amigos guardaron un respetuoso y afable silencio; tanto lo admiraban.

Los bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Olegario, el carro de bomberos se detuvo y los hombres comenzaron rápida y serenamente los preparativos de rigor. De vez en cuando, desde las ventanas de la planta alta, alguna astilla volaba por los aires.

Con toda parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodó el nudo de la corbata, y luego, con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los abrazos de sus buenos amigos.

FIN

(*) La selección para Lalala News de grandes escritores y cuentos, a cargo de Juan Carlos Tracogna.