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Jueves 14 de Diciembre de 2017 12:12
 
 
 
 
11 meses sin respuestas
 

"No se callen, griten, y, por sobre todo, no se olviden de Maira"

 
2017 - nov - 16
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Locales
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La carta de una madre quebrada pero que no baja los brazos.

 
 
 
 

Maira, desapareció el 17 de diciembre de 2016 en Villa Ángela, tiene 18 años y una hija de 3 años que se llama Brisa.

Bajo la carátula de "privación ilegítima de la libertad", se encuentran detenidos Rodrigo Silva (principal imputado), Catalino Silva (su padre), Belén Ledesma (con prisión domiciliaria), y Gabriel Cáceres. Mientras que Luis Coria, se encuentra "libre bajo caución" y no puede salir de la localidad. Este grupo, eran amigos de la adolescente y fueron los últimos en verla con vida.

 

La carta de la madre de Maira

Días pasados respondí, en una radio, a un hermano de Rodrigo Silva. En el mismo, en un estado de exaltación producto de la indignación por sus palabras, consideré que mi hija está muerta. Luego, más calmada, vuelvo a dejar abiertas todas las hipótesis de investigación: desaparición, trata, femicidio. Todas las hipótesis tienen a Silva como autor principal debido a las pruebas que se encontraron: videos de su comportamiento pervertido, antecedentes de su comportamiento misógino, mensajes de encubrimiento de la familia. Mi indignación con el hermano de Silva, ante la defensa de su hermano, está justificada.

Que mantenga las tres hipótesis se debe a que no sé dónde está mi hija. La incertidumbre me carcome. Si la familia de Silva y de Cáceres quieren verlos pueden visitarlos porque saben dónde está. Yo no lo sé, yo no puedo llorarla, no puedo abrazarla, no puedo sentirla, no puedo tenerla.

Las pruebas potencian todas estas hipótesis y dejan en claro que todo se reduce al círculo de Rodrigo Silva, Gabriel Cáceres y sus familias, a la relación de éstos con Eduardo Costas, y al mal desempeño del fiscal Sergio Ríos. Cuestionan a la justicia pero deben agradecerle al fiscal Ríos por no quedar más comprometidos. Cuestionan la investigación diciendo que son perejiles pero no entregan a Costas y éste sale caminar, libre, valiéndose de sus contactos y su dinero. Lo mismo con las hermanas Ledesma, que salen a bailar, riéndose de la situación que me toca vivir a mí e incluso a Silva.

Quiero creer en la justicia divina porque la terrenal no me dio respuestas, ni inmediatas ni satisfactorias. Aunque me gustaría verlo preso a Costas y a Ríos, a casi un año de la desaparición de mi hija, sé muy bien que los que los investigan no los quieren tocar. Sé muy bien que me enfrento a poderes corruptos que todo lo compran con dinero y favores. Aun siendo consciente de lo que me enfrento, sigo adelante, lucho por mi hija, por verlos a todos presos y nunca callándome. 

No se callen, griten, y, por sobre todo, no se olviden de Maira.