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Domingo 15 de Julio de 2018 22:03
 
 
 
 
 

"La concentración de glifosato es 20 veces mayor en una plaza, que en un campo de cultivo"

 
2017 - abr - 10
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Locales
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"El fondo de un río que desemboca en el Paraná tiene más glifosato que un campo de soja", expuso Damián Marino investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP).

 
 
 
Fotografía: Pablo Ernesto Piovano
 

El trabajo de Marino y su equipo viene dando vueltas por todo el país desde hace varios años, y ésta vez llegó a Chaco, provincia en la que se utilizan distintos venenos (glifosato, clirpirifós, cipermetrina y endosulfán, entre otros) sobre los campos de cultivo de soja transgénica, y donde el fotógrafo Pablo Ernesto Piovano registró los efectos de los residuos de estos químicos sobre grandes y niños en su trabajo "El costo humano de los agrotóxicos".

Tras poco más de 30 minutos de exposición y análisis, Damián Martino dejó demostrado con números y gráficos de validez internacional, lo que padecemos los argentinos, tras 20 años de uso indiscriminado de agrotóxicos en campos y sitios públicos de todo el país.  

Involución y destrucción

Los plaguicidas dejan una huella en el sistema agroecológico de Argentina.

El modelo agroproductivo, basado en los tres pilares fundamentales como ser: organismos genéticamente modificados que fueron preparados para resistir ciertos químicos, crecimiento enorme de las superficies cultivadas a lo largo y ancho del país bajo la metodología de siembra directa y la demanda de insumos químicos, con un porcentaje alto vinculado a herbicidas (fundamentalmente el glifosato), deforman, corrompen, degradan y matan a los pobladores, sus prácticas agrícolas sanas y condenan a los más pequeños a una vida plagada de enfermedades y muertes prematuras.

"Los plaguicidas son dinámicos, entran por un lugar, se distribuyen y se reparten en distintos lugares, bajo las propiedades físico-químicas de las moléculas, sin importar dónde se usen. Uan vez que se dé la aplicación de algunos de estos plaguicidas, sus compuestos ingresarán al ambiente y se comportarán de acuerdo a su identidad y a los factores climáticos, factores que el ser humano no puede controlar", explicaba Marino en la Cámara de Diputado del Chaco.   

La Cuenca del Paraná, en peligro

El doctor explicó que el último trabajo de investigación fue realizado en la cuenca Paraná/Paraguay del tramo argentino, una cuenca hídrica, "y un recurso estratégico y fundamental para el país".

"Monitoreamos 21/22 compuestos que son distintos grupos químicos que tendrán distintos efectos sobre la biodiversidad. En la cabecera del Río Pilcomayo, las muestras se tomaron en las desembocaduras de cada uno de los arroyos o ríos que drenan desde el interior del país hacia el Paraná, con el objetivo de ver el goteo".

Por otra parte, desde Rosario hasta Luján, las tomas para ser analizadas se hicieron por tierra.

Para el estudio que fue entregado en enero de 2017, se analizaron los efectos letales (organismos muertos) y subletales (alteración del desarrollo y la reproducción).

"En ríos como el San Lorenzo, Saladillo o el Pavón se detectaron sedimentos letales, con concentraciones de todo altas”, remarcó Marino.

“Mirando los resultados, veíamos que el glifosato estaba pegado en partículas en suspensión o formando parte del sedimento. A partir de la cuenca media empezaba a aumentar la concentración. Y cuando llegaba a la altura de Luján, había aumentado mucho. Los niveles de glifosato más AMPA (ácido aminometilfosfónico-metabolito en la degradación del glifosato) halladas en la cuenca del río son unas cuatro veces las concentraciones que pueden encontrarse en un campo sembrado con soja, es decir que el fondo de un río que desemboca en el Paraná tiene más glifosato que un campo de soja”.

Siguiendo con los resultados de las muestras de goteo tomadas sobre la Cuenca Paraná/Paraguay, Marino destacó que "todas las muestras contenían insecticidas", así como también "todas las muestras de sedimentos tenían presencia de insecticidas". Es decír, "estaban distibuídos a lo largo de toda la Cuenca".

De lo analizado, Marino explicó que los resultados arrojaron que el 90% correspondía a glifosato y el 10% restante se reparte entre clirpirifós, cipermetrina y endosulfán. Claro reflejo del mercado fitosanitario argentino.

El veneno está en nosotros

Cerca del cierre de su exposición, Marino dejó en claro que "cuando hablamos de este modelo productivo que impacta en la Cuenca del Paraná, hablamos solo de una consecuencia. Pero el modelo productivo cruzó la tranquera, se instaló en los pueblos, en las casas y una de las evidencias más fuertes es el uso de los plaguicidas en espacios urbanos".

"Las concentraciones del glifosato en las plazas públicas de pueblos fumigados del interior, son 20 veces por encima a las de un campo de cultivo", admitío. Números secos que reflejan una explicación escondida sobre el aumento de malformaciones congénitas en recién nacidos, abortos espontáneos, problemas respiratorios, deformaciones y casos de cáncer que van en aumento en distintas localidades chaqueñas como ser Napenay, La Leoneasa, Avia Terai, Sáez Peña y muchas más.

Datos avalados por científicos de distintos puntos del país, los que aseguran que "los nenes que viven a menos de 500 metros de la zona de cultivos, tienen daños genéticos".

Ante esta situación que nos envenena a todos a través del agua y de los alimentos (en muchos casos también a través del aire), "deben articularse políticas inmediatas para el manejo de los plaguicidas en la Cuenca e impulsar ordenanzas que prohíban el uso urbano de los mismos".

"Las topadoras desmontan, siembran, agotan el suelo, generan desiertos a lo largo y ancho del país, atropellando todo tipo de derechos humanos", cerró Damián Marino.

Y nosotros agregamos: el modelo de soja transgénica elegido por Argentina desde hace poco más de 20 años, no solo atropella los derechos humanos, sino que día a día, siembra muertes silenciosas y enfermedades de las que nadie habla. 

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Por Lola Cajal

Fotografía: Pablo Ernesto Piovano