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Lunes 11 de Diciembre de 2017 04:33
 
 
 
 
 

Sexo en la ruta

 
2017 - jun - 26
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Fragmentos de Amor y Odio
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Por Veirónica.

 
 
 
 

María ya estaba cansada de hacer dedo. Hacía dos días que estaba viajando y no llegaba a destino. Se aburrió de tantas estaciones de servicio polvorientas e impersonales, y de tantos sándwiches de miga empaquetados a punto de vencer. Pero tenía que seguir.

No tenía ganas de mirar el noticiero así que miró hacia afuera. Mientras veía estacionar un Peugeot 504 azul se preguntaba si los peces en las peceras se sentían como ella en ese momento en la vidriera. Por la ruta casi no pasaban autos y la monotonía de las plantaciones de soja fomentaban que su mirada se alejara en el horizonte sin que nada le interese.

La piel morena del hombre que bajó del Peugeot la distrajo de su tedio. Su forma de caminar le recordó a Antonio Banderas haciendo de mariachi. Se estiró la musculosa hacia abajo para destacar el escote y se puso brillo en los labios. Peinó su cabello lacio con las manos y verificó que tenía profilácticos en la cartera. Ese auto tiene buen espacio en el asiento trasero, sólo necesitaría otro lugar menos visible donde estacionarlo, pensó. En seguida encontró, a su derecha, una arboleda alejada de la estación que le serviría.

 

Se felicitó por estar con pollera. Porque, además de ser fresca para ese día caluroso y húmedo, le facilitaría desvestirse en el auto. Ya no le gustaba la complicación de sacarse un pantalón largo en el asiento trasero, patear sin querer a su amante o tener que interrumpir el juego amoroso para bajarse del auto y sacárselo a las apuradas. Ya le molestaba la pérdida de excitación al esperar que se pusiera el profiláctico, no estaba a dispuesta a más interrupciones. Excepto que se acercara alguna persona. El riesgo de ser descubierta en pleno éxtasis sexual amplificaba su placer. Que la descubrieran in fraganti con más razón aseguraba un orgasmo intenso.

 

El morocho dio vuelta sobre sus pasos y volvió a acercarse al auto. Se detuvo del lado del acompañante y se acercó a la ventanilla. Recién en ese momento, María vió a una niña de unos siete años. El mariachi le gustó todavía más.

 

Él entró a la estación, compró unos sándwiches y unas gaseosas y se fue sin siquiera mirarla. Se fue tan rápido que no le dio tiempo de acercarse a preguntarle si la podría llevar. El auto se perdió en el horizonte y los deseos de María quedaron en simple imaginación.

 

Aburrida y frustrada terminó su comida mirando la vidriera. Cuando se cansó, prestó atención a la pantalla del televisor. Seguía el noticiero. Vió que eran las quince y el pronóstico del tiempo seguía caluroso y húmedo por tres días más. Luego, apareció un primer plano de la cara de su mariachi sudoroso y sensual. Tenía antecedentes criminales. Lo buscaban en todo el país por secuestrar a una niña de unos siete años.

 
 
 

VeIRÓNICA

veironica.veironica@gmail.com

Humor, amor y horror