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Jueves 14 de Diciembre de 2017 11:57
 
 
 
 
 

Hasta que la muerte los separó

 
2017 - nov - 20
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Fragmentos de Amor y Odio
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Por Veirónica.

 
 
 
 

La paredes blancas contrastaban con el rojo intenso de la sangre salpicada sobre las cortinas. Rocío quedó tirada sobre la cama con los ojos abiertos de la sorpresa. Su cabeza quedó en una posición extraña. Parecía una muñeca con el cuello roto. Matías nunca la había visto acostada tan desprolija. Así, ridícula y todo, seguía pareciéndole hermosa. ¿qué le costaba hacerle caso cuando él le explicaba las cosas?, pensó. Matías siempre fue un

imbécil.

El entierro fue muy triste. Su madre lloraba desconsolada. Con desesperación. Sus palabras de despedida fueron: -Hija, siempre lo justificaste! Estabas convencida de que te celaba porque te quería y no te pudimos convencer de lo contrario. Es mi culpa, yo te enseñé eso. Perdóname-

Discutían por lo de siempre. Ella no podía aprender a dejar de coquetear con otros hombres, era el argumento de Matías. Le preguntaba a los gritos qué necesidad tenía de tocarles el brazo al saludar y sonreirles tanto a los otros tipos. Con decir buenas noches con amabilidad era suficiente. Él gritaba tan fuerte que la voz de ella se perdía. Pero lo peor sobrevino cuando, cansada de tanta pelea, se dió vuelta en silencio y se fue a su habitación. Matías ofendido la agarró del pelo, la empujó contra la pared y comenzó a ahorcarla. Cuando se desmayó, la tiró sobre la cama, la desnudó y la penetró con furia aleccionadora. -Así calmadita deberías estar siempre- le dijo entre dientes. Ella se despertó en medio del acto y comenzó a forcejear. Amenazó con denunciarlo y él explotó de ira.

Buscó un cuchillo en la cocina y cuando volvió la encontró marcando apurada el teléfono. La agarró por detrás, tomó su mentón con la mano izquierda y la derecha le hizo un tajo de lado a lado de la garganta y la tiró.

 

Ese sábado a la noche, volvieron en el auto por el camino de siempre y él gritó todo el camino mientras ella lloraba y se masajeaba el brazo dolorido donde la había agarrado con fuerza para hacerla salir del salón. Nadie sospechó de que se fueran tan temprano, pensaron que estaban ansiosos por comenzar la luna de miel. Rocío se había encontrado

allí con un ex compañero de la secundaria cuando volvía del baño a la mesa. Había ido a su casamiento con una prima de Matías, Rocío no sabía que eran novios. Lo estaba saludando cuando notó la mirada fija de su esposo y se dirigió de inmediato a su lugar.

 

El casamiento fue exactamente como Rocío lo soñó desde la adolescencia. En la misma Iglesia que fue bautizada, con el vestido de novia de su madre y toda la familia alrededor.

Hasta logró que oficiara la ceremonia el cura de su confirmación. Para ella fue un sueño hecho realidad escucharlo decir: los declaro marido y mujer, hasta que la muerte los separe.

Y la muerte los separó.