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Lunes 21 de Agosto de 2017 05:16
 
 
 
 
 

El naufragio de los piratas de la laguna

 
2017 - jul - 03
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Fragmentos de Amor y Odio
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Por Veirónica.

 
 
 
 

Escarbó su nariz profundamente. La uñita enganchó un moco seco y duro y lo sacó. Luego, le chorreó un poquito de sangre hasta el borde del labio. Mientras se miraba la punta del dedo y decidía qué hacer con su resultado espeleológico, escuchó un grito a su derecha.

-¡Vienen los pirataaaaaaaas!

 

Julia salió de la heladera desvencijada, salió corriendo y sin mirarlo, pasó junto a un hombre que miraba hacia la laguna. Agarró el pedazo de machimbre y empezó a remar hacia la nave principal. Acercó el latón lo más que pudo y gritó:

-¡Capitán! ¡capitán! ¡Vienen los piratas! ¡Esconda el mapa del tesoro Capitán! Ya está enterrado.

De una carpa hecha de silletas viejas y sábanas, salió el Capitán. Se puso el sombrero de papel de diario, guardó el mapa en el cinto y apoyó sobre su ojo el tubo de cartón de papel de cocina.

-¡Leven anclas y preparen los cañones!- gritó.

 

En el otro extremo de la Laguna Argüello se empezaba a mover un bicibote viejo. María tenía el parche en el ojo izquierdo y el garfio de plástico en la derecha. Estaba decidido a tomar el barco enemigo y apoderarse del mapa del tesoro a cualquier precio. No estaba seguro de todo lo que encontraría en el cofre. Pero sabía que habrían muchos chicles con tatuaje, armas que quedaron de las bolsitas de cumpleaños y un garfio nuevo. Arengó por segunda vez a su tripulación para que pedalearan más rápido y volvió a mirar hacia adelante.

 

No era fácil mover la balsa con remos de machimbre. El barco del tesoro era pesado y el remo muy angosto. Además, se trababa con las botellas de gaseosa vacías que lo ayudaban a flotar. El bicibote enemigo era mucho más veloz.

 

Los capitanes de las distintas naves se miraban temerarios y se hacían gestos amenazantes. Parecían dos pugilitas torpes preparándose para la pelea, agitando los puños. Sus respectivos tripulantes gritaban también, para darse valor a sí mismos y asustar al contrincante.

 

El griterío infantil cesó de pronto, Julia fue atrapada por detrás por un monstruo barbudo. FUe todo muy repentino. Los chicos del susto cayeron al agua. Cuando volvieron a sacar sus cabezas no había más rastros ni de la niña ni del monstruo. También se desvanecieron de la mente de los pequeños piratas los recuerdos del tesoro y del mapa. María fue la primera en largarse a llorar.

 

Una semana después encontraron el cuerpo desnudo de Julia. Junto su machimbre remo roto y el hilito de sangre hasta el borde del labio.

 
 

VeIRÓNICA

veironica.veironica@gmail.com

Humor, amor y horror