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Jueves 19 de Octubre de 2017 09:59
 
 
 
 
 

Cenicienta quiere que la llamen por su nombre

 
2017 - jul - 31
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Fragmentos de Amor y Odio
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Cenicienta llegó al palacio y de inmediato llamó la atención del príncipe. La sacó a bailar y sintieron que había una química entre ellos como si se conocieran desde siempre. Como entraron pronto en confianza, ella le pidió que le mostrara los otros ambientes del palacio porque era la primera vez que estaba en un lugar así.

 

Recorrieron los largos pasillos, entraron a las distintas habitaciones y él le contó una breve historia sobre cada una. Cuando ya había conocido la biblioteca, la cocina, la sala de lectura y la sala de juegos, Cenicienta quiso conocer los aposentos del príncipe.

 

Mientras conversaban se dió cuenta de que, si con sólo pedir un deseo pudo conseguir el vestuario para la fiesta de gala, podía pedir lo que quisiera y lo conseguiría con sólo quererlo. Se acercó a él, y lo besó. Se abrazaron y se tiraron en la cama. Ella se sintió plena, lo quiso y lo tomó. ¡Y lo gozó!

 

Al sonar las campanas de las doce, se despidió y se fue. Salió apurada para que no la vieran cuando perdía el encantamiento que la dejaría en harapos y sin móvil. Se paró en seco y lo comprendió todo. Sintió que quería seguir disfrutando de la fiesta, y que encontraría la forma de lograrlo. Entró en los otros aposentos, hasta que encontró uno femenino. Buscó allí un vestido y un par de zapatos. Se cambió y volvió a la fiesta.

 

Le resultaba incómodo el corset y el vestido tan abultado, pero necesitaba pasar desapercibida por lo que decidió soportarlo. En seguida la sacaron a bailar otra vez. Fue una noche espléndida, conoció mucha gente nueva y bailó hasta el cansancio.

Cuando se sintió satisfecha de diversión, le pidió a un grupo de chicas que ya se iban que la acercaran a su casa.

Al llegar, la recibió su madrastra con cara de pocos amigos. -¡Cenicienta!¿Éstas son horas de llegar?¿Quién te dió autorización para salir?¡El desayuno debería estar listo!

La joven miró a la madrastra con calma pero con firmeza. -Si querés desayunar, el personal de servicio está en la cocina. Yo me voy a dormir porque estoy cansada. Y, por último, mi nombre no es Cenicienta!

VeIRÓNICA

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Humor, amor y horror