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Martes 26 de Septiembre de 2017 11:32
 
 
 
 
 

Cuando el Yoga duele...

 
2015 - mayo - 04
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Ananda Dixit
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Muchas personas piensan que en yoga no te podés lesionar, o que la práctica no debería doler. Sin embargo, la realidad nos demuestra todo lo contrario. La clave está en aprender a escuchar lo que el cuerpo nos quiere decir.

 
 
 
 

Hay muchas razones para empezar a practicar yoga.

En muchos casos, se llega a una sala por primera vez a causa de alguna dolencia física, o por consejo de un médico. Otras, por estar aburridos del mismo tipo de actividad física y tener ganas de para probar algo nuevo. También, la búsqueda de la conexión con uno mismo, y de un poco de espiritualidad, son razones frencuentes. Sin embargo, al empezar no todos esperan encontrarse con una práctica tan profunda que pueda implicar dolor, frustración y sufrimiento.

En mi caso, el Ashtanga es la práctica con la cual me descubro cada día. Y un día, me conocí a través del dolor. Nunca antes había practicado al límite de mis capacidades, y menos sientiendo molestias físicas. Pero me encontré enfrentándome con miedos, con desafíos, con dudas. Pero decidí confiar y seguir, lo cual dió como resultado mayor conciencia, autoconocimiento y amor.

En la columna de hoy, voy a citar unos cuantos textos que leí durante tiempo de lesiones e impedimentos (tanto físicos como mentales) que me ayudaron a entender un poco más de qué se trata atravesar por ese tipo de experiencias:

"En el Ashtanga Yoga existe siempre el riesgo de que alguien se haga daño, porque la práctica es tan hermosa que uno quiere avanzar, sin respetar el momento. Antes, el maestro, cuando enseñaba a los principiantes, les hacía practicar solamente el primer saludo al sol. Recuerdo que en Mysore Sri K. Pattabhi Jois les hacía practicar el primer saludo al sol y luego les decía: "Basta por hoy, ahora ve a descansar". Y el novato se quedaba perplejo porque quería seguir ya que había pagado por las clases lo mismo que los otros estudiantes. Esto es el típico modo de pensar de los occidentales; ¿no es así? El dinero es lo primero, siempre. Yo te pagué, ahora tu me debes dar lo que compré con mi dinero. En el yoga esto no existe. Quiero hacer lo que otros hacen. Esto es no tener conciencia. Después viene el dolor y la primera cosa que hago es ir al médico, que me dice que deje de hacer lo que estoy haciendo, que debo estar quieto. Un principiante se puede asustar. Yo siempre recomiendo darle tiempo al cuerpo, por lo menos 12 meses, para entender lo que se está haciendo, porque el dolor se puede controlar. Hay personas que avanzan demasiado ráìdo y se lastiman. Yo digo: detente y regresa. Somos nosotros los que nos hacemos daño, no es el yoga. Nos lastimamos sólo porque avanzamos demasiado rápido. Si sigo un maestro que sabe lo que hace, e incluso si siento dolor se que es un dolor pasajero que conduce a una apertura. A veces me sucede que vienen personas a la shala y me dicen: "Hace diez años que tengo este dolor y no puedo practicar". Pero eso es un bloqueo psicológico, la práctica no sólo tiene efecto en el cuerpo sino también en la mente. Si me pongo a pensar: "Tengo 58 años, tengo tres hijos, Oliver, Antonieta y Emilia, que acaba de nacer. En 20 años tal vez no estaré aquí... ¿qué debo hacer? En los años que me quedan ¿qué podría dejarles a mis hijos? ¡Les puedo dar el mundo entero!". No tengo que mirar ni hacia el pasado ni hacia el futuro. Tengo que observar el presente. Si observo el presente vivo con felicidad".

Lino Miele, Ashtanga Yoga: El yoga de la respiración (2012)

"Mucha gente huye, desaparece repentinamente; a algunos no se los vuelve a ver y otros vuelven una vez finalizado el tiempo de recuperación definido por su doctor. Este comportamiento nos niega la posibilidad de experimentar el completo potencial de las asanas de yoga como terapia (...)

He tenido mis prácticas más profundas mientras practicaba una primera serie reducida debido a condiciones inestables y dolorosas en mi cuerpo. Aunque no recomiendo lesionarse uno mismo, he descubierto que la lesión es un gran maestro. En mi experiencia, el cambio a través del yoga es lento. Sanar mis lesiones no ha sido la excepción, ha sido lentamente. Las cosas sólo parecían empeorar mientras buscaba la manera de escuchar a mi cuerpo y entender cómo trabajar con él de una manera más segura en la frágil condición que me encontraba. Todo el proceso me tomó diez años; cinco años empeorando y cinco años para mejorar.

Siento que me he vuelto más suave, más comprensivo y más compasivo a través del yoga y me parece que este proceso fue acelerado por el dolor y la confusión que sufrí durante los últimos diez años. Tal vez, si hubiese encontrado un amable y buen terapista o doctor, hubiese podido sanar mi cuerpo más rapidamente pero desde el comienzo decidí evitar todo terapista o doctor y en vez de eso, confiar puramente en la práctica. Esta decisión significó que me quedara con las desafiantes dificultades físicas por un tiempo mayor pero me brindó material fértil para el auto desarrollo. (...)

Es mejor que no pensemos que una buena práctica es aquella sin dolor y sufrimiento. Donde no hay sufrimiento, no hay amor ni compasión. Y es por causa del contacto con el sufrimiento que surgen el amor y la compasión. Por lo tanto, si surge sufrimiento durante nuestra práctica es bueno, porque podemos usarlo para generar amor y campasión, sabiendo que eso nos traerá más paz y más compresión, para el muendo fuera del mat".

Matthew Vollmer, Asana y Lesiones en Ashtanga Yoga (2014)

"El dolor ayuda a proteger el cuerpo contra el daño. En el contexto de la práctica de Asana, el dolor puede ser una señal de que el cuerpo no puede ir más allá, de que si seguimos empujando para profundizar en la pose, algo se va a romper. Pero el dolor también puede ser un método de la mente para proteger sus proyecciones del ego. Éstas, extienden sus tentáculos hasta el interior de nuestros huesos y tejidos. Cuando respiramos en ellos, con atención firme, durante un período prolongado de tiempo, comienzan a disolverse, liberándonos de la tiranía de nuestros pensamientos y emociones. El ego, presintiendo su caída, naturalmente se revuelve. Se retuerce, se tensa, y se aleja de la respiración, produciendo así dolor como respuesta defensiva. Cuando permitimos que este dolor nos aleje de la práctica, dejamos aquellas proyecciones donde estaban (...)

Por lo tanto, cuando respiramos lenta, profunda y rítmicamente en las posturas que desencadenan liberación emocional, el cuerpo experimenta una apertura, y la mente experimenta una liberación. Este momento de catarsis, aunque a menudo acompañado de fuertes emociones, puede ser también profundamente estimulante. La energía psíquica que sujetaba la emoción reprimida o el recuerdo es liberada súbitamente, y mana libremente a través del cuerpo, agudizando los sentidos y ampliando la percepción, mientras la mente descubre un nuevo estado, más fluído y adaptativo (...)

El método del Ashtanga es aceptar el dolor con una cierta indiferencia, permitir que nos inunde, y que vuelva a disiparse en la nada. Cuando sentimos surgir dolor, realmente debemos escuchar, y debemos estar agradecidos de que nuestros cuerpos y mentes estén tratando de proteger nuestro sentido de quienes somos. Pero podemos escuchar, con compasión e inteligencia, sin que el dolor tome el mando. Es decir, que podemos responder al dolor diciéndonos a nosotros mismos que a pesar de que nuestras tensiones están siendo provocadas, que estamos seguros, que podemos dejarnos ir y rendirnos completamente al momento presente. En Ashtanga, como en la vida misma, el momento presente puede instarnos a ir a un lugar al que nunca habíamos ido antes. Esta capacidad de desprendernos de nuestros apegos y aversiones con el fin de satisfacer esta demanda es vairagya en el sentido más verdadero".

Ty Landrum, Ashtanga y el dolor.

En definitiva, abrazar el dolor, sentirlo, atravesarlo y experimentarlo, para dejarlo ir.

 

¡Namasté!

 
 

Laura Caravaca Pazos

(Ananda Yoga Studio)